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Murió el Tata Brown, un campeón del mundo

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Un duro golpe para la familia de Estudiantes y de todo el fútbol argentino: este lunes murió José Luis Brown, campeón con Estudiantes de La Plata en 1982 y 1983 y recordado por todos los hinchas por el gol de cabeza a Alemania en la final del Mundial de México 86.
El Tata, de 62 años, luchaba contra el Mal del Alzheimer. Incluso, su hija Florencia había contado pocos meses atrás que ya ni a ella la reconocía.

Los restos del ex defensor serán velados desde este martes, a las 8.00, en la sede de Estudiantes. Ocurrirá una semana después de la muerte de Oscar Malbernat, otro símbolo del Pincha, que también fue capitán y campeón con el equipo platense.

El Tata era un defensor recio, que también tenía recursos técnicos, además de un gran amor propio. Al México fue como suplente de Daniel Passarella, pero una lesión del Kaiser llevó al técnico, Carlos Bilardo, a darle la titularidad en el torneo. Armó una gran dupla con Oscar Ruggeri, a la que en el segundo partido se le sumó Oscar Cuciuffo (también fallecido).

En la final ocurrió un hecho que es una demostración del coraje: al chocar con un alemán se luxó el hombro y decidió romper una parte de la camiseta para apoyar la mano. Esta historia, Olé la había contado en 2018.

Tanto amaba el Tata a la Selección que antes de firmar contrato con un club exigía una cláusula en la que le aseguraban que sería cedido ante cualquier convocatoria del entrenador.

El Tata, que además de Estudiantes jugó en Deportivo Español, Boca y Racing de la Argentina, jugó en Atlético Nacional de Colombia, Brest de Francia y Murcia de España, también tuvo un recorrido como entrenador. Junto a Nery Pumpido, dirigió a Los Andes. Además, ambos acompañaron a Bilardo en su ciclo en Boca, en 1996. Luego, con el Negro Enrique, condujo a Almagro. Y tuvo una chance en la Sub 17 de Argentina: en 2009 condujo al plantel en el Mundial de Nigeria de la categoría. Otros clubes: Ben Hur y Ferro.

El Tata había nacido en Ranchos, provincia de Buenos Aires, donde un estadio lleva su nombre. Allí lo adoraban, y hoy lo lloran, como todo el fútbol argentino.